Durante el estado de alerta sanitaria provocada por el coronavirus, el emprendimiento se ha visto resentido. No obstante, antes de que llegara esta crisis, ¿dónde era más difícil emprender? ¿en qué zonas era más fácil? ¿Qué piensan los expertos de cada región?

Para ello se realizó una encuesta llevada a cabo por el Observatorio Prontopro a 500 autónomos. El objetivo de la muestra era saber qué pensaban los profesionales acerca de la acción de emprender. Para eso se les preguntó por su grado de satisfacción con las instituciones a nivel local y estatal. Además, se tuvo en consideración el parecer de pintores, abogados, psicólogos, entrenadores personales  y demás profesionales.

Con todos estos datos, las tres zonas con resultados más provechosos fueron Aragón, Islas Baleares y País Vasco. Las tres Comunidades Autónomas, según los trabajadores por cuenta propia, son las que menos trabas ponen a la hora de comenzar un negocio.

Algunos de los motivos de este resultado son las buenas perspectivas de futuro y los proyectos de planificación. Por ejemplo, en el País Vasco, ocho de cada diez personas encuestadas afirman que se mantienen esperanzadas con vistas al futuro, tanto en generación de trabajo como en temas de facturación

Por otro lado, desde Prontopro se señala que casi el 90% de los encuestados de Aragón e Islas Baleares creen beneficiosos los eventos de formación y networking que se llevan a cabo. Son tres de cada diez los que los valoran con la nota más alta.

Las comunidades que se llevan la peor parte

Sin embargo, el otro lado de la moneda lo representan Asturias, Cataluña y la Comunidad Valenciana. Estas zonas se han llevado la peor parte, ya que los autónomos creen que aquí abrir un negocio es mucho más perjudicial que en otras zonas.

La apreciación para esto se sosiega, especialmente, en la falta de apoyo tanto a nivel local como nacional.

Por último, la capital ha quedado relegada a octavo lugar. Aunque en la clasificación de creación de empresas de 2019 estaba en cabeza. Sin embargo, los autónomos madrileños creen que no se proponen las condiciones óptimas para poder desarrollar su trabajo.

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